Siempre me ha impresionado la imaginería de la Semana Santa. Pero este año he notado cierta falta de respeto respecto a otros años. La gente fotografiando entre los cofrades con cámaras minúsculas, e incluso con móviles, el ruido del murmullo y los niños gritones sin que los padres les dijeran nada fué la imagen que me llevé del que se suponía un momento de respeto y religiosidad. También me llamó la atención que los niños muy pequeños no tenían miedo a esos señores de los cucuruchos con la cara tapada, cosa que me dejó realmente impactado.

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